

Un inicio sublime. Se vuelve clásico en las manos pianísticas de Jesús Riega que en este tema parece
buscar redención. El tema va creciendo, una percusión inicial que va en aumento y un mensaje que va
fluyendo y se va colando en el alma.
Luego rompen los coros y la voz se torna más segura. De repente alguien más va llenando la escena y
va naciendo el gospel que lo copa todo: estrofas, coro y coda final. La orquesta toda coge sus
instrumentos y nace el blues. Es una oración, es súplica y testimonio!
Y aquí Ronnier se deja llevar y; ya no es él quién canta. Es su espíritu. Los coros más que nunca se
entrelazan perfectamente como en ninguna balada. Pareciera que no se ha grabado en un estudio
sino en una Iglesia en medio de un coro de ángeles.!